Después de experimentar con la nueva técnica y considerarla efectiva, Berlitz desarrolló un sistema de enseñanza del idioma que hoy en día es aún la base de los cursos de Berlitz tan conocidos en el mundo entero.

Los principios que formuló eran bastante simples. En clase sólo se hablaría en el idioma extranjero, desde el saludo inicial del profesor. Se haría énfasis en el lenguaje oral, donde los alumnos aprenderían a leer y a escribir aquellas palabras que ya entendiesen y que ya supiesen pronunciar. No habría una enseñanza gramatical formal; en cambio, los estudiantes asimilarían un sistema gramatical de forma natural, mediante el uso de dichas palabras. Sobre todo, para desarrollar el dominio de la lengua extranjera, los alumnos deberían aprender a pensar en el nuevo idioma y no traducir: para asociar las nuevas palabras con objetos e ideas, y no distraer la atención con palabras de sus lenguas maternas. Los profesores deberían animar en todo momento a los alumnos a que hablasen en la lengua que estuvieran aprendiendo a base de preguntas y respuestas, con un consiguiente aumento del vocabulario. Y lo más importante de todo sería que cada uno de los profesores de Berlitz debería tener un dominio nativo del idioma que estuviera enseñando.

A pesar de haber cambiado con el tiempo y haberse modernizado el sistema de enseñanza desarrollado por Berlitz, estos elementos son el núcleo de la enseñanza de idiomas de Berlitz.